Pides presupuesto para «una web sencilla» y te llegan 400 € y 2.100 €. La reacción normal es pensar que uno de los dos te está intentando engañar. Casi nunca es eso: es que no estáis hablando de la misma web.
Estos son los cinco conceptos que mueven un presupuesto de diseño web, en orden de impacto. Ninguno es un truco; todos son trabajo real. Lo que sí es un problema es que aparezcan a mitad del proyecto en vez de en la primera conversación.
Cuando dices «una web para mi negocio», cada profesional rellena los huecos con su experiencia. Uno imagina cinco páginas con un formulario. Otro imagina catálogo, reservas online y dos idiomas, porque el último cliente que dijo esa frase acabó pidiendo todo eso.
La diferencia de precio no está en el diseño: está en el alcance. Y el alcance lo defines tú, aunque no lo sepas.
Es, con diferencia, el que más sube. Pasar de una web informativa a una tienda no es «añadir un botón de comprar»: es carrito, pasarela de pago, gastos de envío por zonas, impuestos, correos automáticos de pedido, gestión de existencias y una política de devoluciones que cumpla la normativa.
Cuánto sube: multiplica por dos o por tres respecto a la misma web sin tienda.
Cómo evitarlo si puedes: si vas a vender cuatro cosas y aún no sabes si funcionará, empieza cobrando por transferencia o con un enlace de pago, y monta la tienda cuando el volumen la justifique. Cuesta menos volver atrás desde ahí que desde una tienda montada que nadie usa.
Duplicar el idioma no duplica el precio, pero se le acerca más de lo que la gente espera. Cada página se monta dos veces, cada menú se traduce, cada formulario tiene su versión, y hay que configurar el marcado que le dice a Google qué versión enseñar a quién.
Cuánto sube: entre un 50 % y un 80 % del coste de la web.
Y el coste que nadie menciona: el mantenimiento también se duplica. Cada texto nuevo hay que escribirlo dos veces, para siempre.
Cómo evitarlo si puedes: pregúntate si tus clientes internacionales son reales o hipotéticos. Si son hipotéticos, en inglés basta con una página bien hecha.
Es el extra silencioso. Una web se ve profesional o cutre en función de las imágenes, y las imágenes no las pone el diseñador.
Tienes tres opciones: banco de imágenes (gratis o barato, pero impersonal y a veces reconocible), fotos tuyas hechas con el móvil con buena luz (funcionan mejor de lo que crees en negocios de proximidad) o un fotógrafo profesional (entre 200 y 600 € una sesión pequeña).
Cuánto sube: 0 € o 600 €, según la opción. Y afecta al resultado más que casi cualquier decisión de diseño.
«Que la web me sincronice las reservas con el calendario, me meta los contactos en el CRM y me mande los pedidos al programa de facturación.» Cada una de esas frases es un desarrollo con su configuración, sus pruebas y su mantenimiento cuando la otra herramienta cambie.
Cuánto sube: entre 100 y 500 € por integración, según lo dócil que sea el servicio del otro lado.
Cómo evitarlo al principio: muchas de estas conexiones se resuelven durante meses con un correo automático y cinco minutos de copiar y pegar al día. Automatiza cuando el volumen duela, no antes.
No sube el presupuesto: sube el coste total, que es lo que de verdad importa. Un presupuesto de 400 € sin mantenimiento y sin soporte puede salirte más caro que uno de 900 € que incluya el primer año, porque cada cambio se factura suelto.
Pregunta siempre tres cosas: cuánto cuesta un cambio pequeño después de la entrega, si el mantenimiento es obligatorio y qué pasa si un día dejáis de trabajar juntos. Ésas y las otras dos preguntas que ordenan cualquier contratación están en pide estas cinco cosas por escrito.
Cuando tengas varios encima de la mesa, no compares cifras: compara respuestas.
Yo trabajo con precio cerrado y la lista de exclusiones va por delante, en la primera llamada. Cómo se traduce eso en cifras concretas está en cuánto cuesta una página web, y si prefieres que lo mire directamente sobre tu caso, cuéntamelo aquí y te mando el precio en menos de 24 horas.
Porque cada profesional interpreta un alcance distinto a partir de la misma descripción. Las diferencias reales están en el número de páginas, si hay tienda, si hay más de un idioma, las integraciones con otras herramientas y qué incluye el soporte posterior.
Entre el doble y el triple respecto a la misma web sin venta online, porque añade carrito, pasarela de pago, envíos, impuestos, correos automáticos y gestión de existencias.
Solo si tus clientes internacionales son reales, no hipotéticos. Encarece la web entre un 50 % y un 80 % y duplica el mantenimiento para siempre, porque cada texto nuevo hay que escribirlo dos veces.
Normalmente no. Se pueden usar bancos de imágenes, fotos propias con buena luz o contratar un fotógrafo (200-600 € una sesión pequeña). Es el factor que más cambia la percepción de calidad de una web.
El número exacto de páginas, si el diseño es a medida o de plantilla, a nombre de quién quedan el dominio y el alojamiento, el plazo de entrega, qué accesos recibes al terminar y el precio de un cambio posterior.
Landing desde 299 €, web informativa desde 499 €. Precio cerrado antes de empezar y entrega en dos o tres semanas.
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