Escribo esto sabiendo que te lo vas a llevar a mi competencia, y también a mí. Me parece bien: si un profesional no puede contestar estas cinco preguntas por escrito, el problema no es la lista.
No hace falta un contrato de doce páginas. Un correo con estos cinco puntos, respondido y guardado, evita casi todos los líos que veo cuando alguien me escribe para rescatar una web ajena.
El primero y el más importante, de largo.
Qué pedir: «El dominio se registra desde una cuenta mía, con mi correo y mi tarjeta. El alojamiento, también, o al menos a mi nombre como titular.»
Por qué: quien es titular del dominio puede apuntarlo a otro sitio, dejar de renovarlo o venderlo. Sin ese control, no tienes una web: tienes una web alquilada. Y si algún día queréis separaros, la separación depende de la buena voluntad del otro.
Respuesta aceptable: «Sí, se registra a tu nombre y te paso los accesos.» También vale «lo gestiono yo desde mi cuenta de proveedor pero el titular eres tú y tienes acceso», siempre que puedas comprobarlo. Cómo comprobarlo está en comprueba si el dominio está a tu nombre.
Respuesta que enciende la alarma: «Ya me encargo yo de todo eso, no te preocupes.»
Qué pedir: el número de páginas, si el diseño es a medida o sobre plantilla, y una lista explícita de lo que no entra.
Por qué: «una web corporativa» no es una cantidad. La mayoría de discusiones a mitad de proyecto son por cosas que ninguna de las dos partes dijo en voz alta: los textos, las fotos, el logotipo, la pasarela de pago, la migración de contenidos de la web antigua.
Truco: la pregunta que más información da no es «¿qué incluye?», sino «¿qué no incluye?». Quien lleva años haciendo esto tiene la lista preparada. Quien improvisa se queda callado unos segundos.
Los cinco conceptos que más disparan un presupuesto —y que conviene aclarar antes, no después— están en las cinco cosas que encarecen un presupuesto web.
Qué pedir: una fecha de entrega y, sobre todo, qué depende de ti para que esa fecha se cumpla.
Por qué: el retraso más habitual en un proyecto web no es técnico: son los textos, que tardan semanas en llegar. Un plazo que no diga «tres semanas desde que recibo los textos y las fotos» es un plazo que no significa nada.
Respuesta aceptable: «Dos o tres semanas desde que me pasas el contenido. Si el contenido tarda, la fecha se mueve.» Es honesto y protege a los dos.
Alarma: «En una semana lo tienes», sin preguntarte nada sobre el contenido.
Qué pedir, literalmente estos cinco:
Por qué: no es desconfianza, es continuidad. La gente cambia de trabajo, cierra o desaparece. Si mañana no puedes localizar a quien te hizo la web, con esos cinco accesos otro profesional se hace cargo en una tarde. Sin ellos, empieza el vía crucis que describo en me hicieron la web y no tengo las claves.
Un detalle práctico: pide que el correo de administrador de WordPress sea el tuyo, no el del diseñador. Es un cambio de treinta segundos que te ahorra meses.
La pregunta incómoda, y la que mejor mide a quién tienes delante.
Qué pedir: «Si dentro de un año decido cambiar de proveedor o llevarlo yo, ¿qué pasa? ¿Me llevo la web entera? ¿Hay permanencia? ¿Cuánto cuesta un cambio suelto después de la entrega?»
Por qué: hay modelos de negocio construidos sobre que no te puedas ir. Cuota mensual obligatoria que incluye «la licencia» de tu propia web, permanencias de dos años, webs montadas sobre sistemas propietarios que no existen fuera de esa empresa.
Respuesta aceptable: «Te llevas todo, sin permanencia. Un cambio suelto son X euros la hora.»
Alarma máxima: «La web es nuestra mientras tengas el servicio contratado.» Ahí no estás comprando una web: estás alquilándola, y conviene saberlo antes y no tres años después.
Más allá de las cinco preguntas, cuatro cosas que he visto suficientes veces:
Y al revés, una buena señal que casi nadie valora: que te diga que no necesitas algo. Quien te quita una tienda online del presupuesto porque todavía no la necesitas está renunciando a facturarte más hoy para que sigas siendo cliente en tres años.
Si quieres ver cómo respondo yo a estas cinco preguntas antes de que me las hagas, cuéntame tu proyecto: te mando el precio cerrado y las cinco respuestas por escrito en menos de 24 horas.
Cinco cosas: a nombre de quién quedan el dominio y el alojamiento, qué incluye y qué no incluye exactamente el presupuesto, el plazo y de qué depende, qué accesos recibes el día de la entrega, y qué pasa si dejáis de trabajar juntos.
Un contrato formal no siempre, pero sí un correo con las condiciones por escrito: alcance, precio, plazo, titularidad y accesos. Ese correo, respondido y guardado, vale como prueba y evita la mayoría de los conflictos.
El panel del registrador del dominio, el panel del alojamiento, un usuario administrador de WordPress con tu correo, la propiedad de Google Analytics y de la ficha de Google Business, y una copia de seguridad completa con archivos y base de datos.
Es frecuente, pero no es lo correcto. El dominio debe registrarse a tu nombre, con tu correo y tu tarjeta. Que lo configure otro está bien; que sea de otro te deja sin control sobre tu propia dirección.
No. Se puede trabajar el SEO técnico y de contenidos para mejorar posiciones, pero nadie controla el algoritmo ni a la competencia. Una garantía de primer puesto es una señal de alarma, no un argumento de venta.
Depende del profesional, pero lo importante es que exista una tarifa clara y conocida antes de empezar. Lo que no debería pasar es descubrir el precio de una modificación cuando ya la necesitas.
Landing desde 299 €, web informativa desde 499 €. Precio cerrado antes de empezar y entrega en dos o tres semanas.
Estudio de diseño web, mantenimiento WordPress y hosting para emprendedores. Hecho en Madrid, con cariño, desde 2020.
© 2026 Kakao Pixel · Hecho con ❤ desde Madrid.